Cuando el Baloncesto se vuelve previsible el juego deja de serlo.
El tapón es un mate defensivo.
Conviene más pasar el balón a quien lo espera que a quien lo persigue.
No se mide al ganador por la victoria, sino por las ganas de ganar.
De entre los peores vicios que genera la necesidad de ganar pocos igualan a la simulación de las faltas.
El equipo perfecto apenas botaría el balón.
El mejor base no es el que dirige, sino el que propone.
Quien corre y hace correr, piensa y juega a la vez. Quien no lo hace nunca, solamente piensa. O eso parece.
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